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Tweak says, "IJ: full of sprites & fairies"

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Gina. ([info]casualmentegyn) wrote in [info]almostforgotten,
@ 2008-05-19 00:55:00

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Current mood: cheerful
Entry tags:76, cortados, fandom:d-gray man, pairing:moore/allen, rating:t

Oh,Nightwish...
Título:Pero no puede ser.
Fandom:D-Gray Man.
Rating: T
Género: Romance/General.
Pareja/Personaje: Moore/Allen.



Cuando era niña, todos me decían que yo era muy valiente. Y todos decían que era una virtud. Todos excepto mi hermana mayor. Claire solía decir que ser valiente es muy difícil y que no es necesario que las mujeres lo sean. Según ella, lo mejor para nosotras es sentarnos y dejar que los hombres hagan el trabajo pesado. Ellos deben arriesgarse por nosotras y si una mujer se arriesga, que sea sólo para poner a salvo a su hombre, a sus hijos, a sus padres o hermanos.
Ella arrugaba la nariz, la misma nariz que yo tengo, sonrojaba mejillas iguales a las mías, incoloras y se sujetaba en un alto lazo su cabello rubio que también se parecía mucho al mío, pues era hasta del mismo tono. Olía a lavanda y solía colocarse el crucifijo de mi madre en el cuello, reluciente.
No, ella nunca supo que yo la escuchaba. Jamás se quejaba abiertamente de mis actitudes, aunque me considerara rebelde y difícil. He llegado a creer que nunca hubiese dicho ni siquiera eso de haber sabido que yo oía sus conversaciones, las que compartía con sus amigas mientras que juntas bordaban flores y animales fantásticos en la sala mayor. Yo nunca tuve el valor de preguntar su opinión sobre mis decisiones. Talvez porque temía que las desaprobara. Por eso pedía a alguien más que lo hiciera.
De ese modo, podía hacer de cuenta que no había oído si me dolían sus palabras. Evitaba llenar mis ojos de lágrimas y hacer que se sintiera mal. Ella era la única que podía hacerme llorar, pero siempre que se enfadaba consigo misma al hacerlo. Claire se corría el maquillaje con las manos, dejando en su rostro una estela de colores impares, aguados. También se arrancaba el lazo y se mordía los labios mientras sacudía su cabello y gritaba lentamente maldiciones a sí misma.
Me sentía muy mal por provocar eso y era preferible dejar que todo entre nosotras se mantuviera... calmo. ¿Entiendes? Siempre he sido cobarde.
Todos pensaban que Claire era más hermosa que yo. Nunca la envidié por eso, de hecho, me hacía feliz. Pensé que esa belleza la compartíamos, al menos su efecto, que yo sentía como propio. También me sentía hermosa, cuando veía que Claire lo era. Si la cortejaban, me sentía halagada y si alguien la criticaba, me hervía la sangre. Y cuando todo estaba bien y relucía de belleza, también yo podía sentirme parte de ella.
Como su nariz estaba lisa y blanca, a mi no me importaba que la mía tuviera una mancha roja durante el invierno. Si sus mejillas estaban sonrosadas y redondas, no interesaba que las mías estuvieran cicatrizando un raspón o tratando de suprimir una espinilla. Si el cabello de Claire estaba limpio y brillante, ordenado y desenredado , yo no sentía necesario pasar más de dos veces el rizador por esta maraña, llena de hojas de otoño, de ramas secas, de pétalos caídos...
Tampoco me importaban mis ojos verdes. Claire los tenía azules, en verano como nuestra madre , en invierno como nuestro padre y eso era todo lo que me importaba.
Ella era también mucho más talentosa. Yo la admiraba, a veces sentada en el suelo de nuestra sala, mientras ella tocaba el piano, con esa melodía afilada y severa, como su voz cuando se enfadaba. Me conmovía su determinación. Arqueaba los hombros y apretaba los labios. Su cabello le barría los hombros y solía suspirar, después de mantener la respiración la pieza entera. Exhalaba copiosamente, asintiendo. Estudiaba las partituras otra vez. Inhalaba echando el cuello hacia atrás, para volver a atacar. Batallaba con cada nota, como si cada vez que sus yemas se apretaran en cada tecla , esgrimiera una espada contra un enemigo implacable.
No, pero yo solía jugar con los muchachos de la ciudad. Con los rudos no, más bien con los que me acompañaban a la Iglesia. Solíamos correr hasta encontrar árboles, para treparnos y perseguir niños malos para obligarlos a dejar de hacer travesuras. Hacíamos expediciones y yo siempre las encabezaba. Todos creían que donde Claire tenía perseverancia, yo tenía coraje.
Por último, yo necesitaba siempre mis anteojos o perdía (y sigo perdiendo) la noción de un metro en adelante. En tanto mi hermana mayor era capaz de ver a simple vista un alfiler en un pajal.
Sin embargo, aunque lo lógico fuera tener celos, no los tuve. Su forma de ser fue un alivio cuando nos quedamos solas en el mundo. Ella siempre me regañaba cariñosamente y me mostraba con sus acciones , el ejemplo. Nunca podría ser como ella, pero admiraba esa perfección.
Una de las dos era perfecta , exactamente , y yo sentía que podía fallar en mi vida, porque Claire sí saldría adelante y dejaría orgullosos a nuestros padres. Ellos la verían desde el cielo y su luz iluminaría tanto nuestras vidas, que yo no tendría que brillar. Podría hacer algo por la ciudad, por el país. Siempre supe que no sería un trabajo simple, ni siquiera bien renumerado o compensado. Pero fue mi manera de no permitir que otros niños, sin la suerte de una hermana como la mía, quedaran solos, sin una familia. Fue así como elegí mi profesión.

La noche me despierta una mezcla de fascinación e inquietud. Es más difícil ver, correr y el aire se vuelve tan denso y húmedo, que respirar también resulta complicado.
La bruma se mete en tus pulmones y los quema. Si necesitas gritar, tardarás demasiado en juntar oxígeno y tal vez alguien más fuerte, rápido y ruin se encargue de ti. Es una ciudad difícil, en un país muy peligroso, en un mundo muy cruel. Pero sigo teniendo fé en Dios.
Porque Él hizo la noche por un motivo. Para que entendiéramos mejor la luz del día y aprendiéramos a agradecerla. Para aprender a abandonarnos a Él.
Lo dijo mi Hermano. Fue cuando él aún me hablaba de Dios con luz en sus ojos, con fervor en sus palabras y calor en sus manos, mientras acariciaba mis hombros y le sonreía a Claire.
En realidad, siempre fui la más renuente a creer cuando hablábamos de religión. Claire solía preguntarle a Dios cómo podía resolver las cosas y si algo salía mal , la oía reprocharle en voz baja. Siempre mientras tocaba el piano.
No comprendo que Él pueda abandonarte. Si crees en Él, lo aceptas y confías. Tengo fé en que si debo morir un día, a manos de un asesino, de un ladrón, de un colega, es culpa de esa persona. Y también de mi por ser débil , pero Dios no puede ayudarte siempre. Debes hacerlo todo tú mismo, para ganarte la eternidad entre los Justos.

Pero... Eso creía antes. A pesar de que Dios sigue sin tener la culpa de todo lo que ha pasado, no puedo limitarme a esa visión del mundo. Sé que llegaré a una conclusión parecida, pero necesito tiempo.

Nunca he visto una mujer tan bella como Claire. Jamás he visto un hombre que se volviera tan atractivo , como mi Hermano, cuando Claire tocaba durante sus sermones. Tengo suerte, Allen, porque he presenciado el amor en su más sincera manifestación. Terrible suerte, quise decir.
Si puedo pedir un deseo, no quiero enamorarme. El amor es algo difícil. No puedo pedirte amor, porque el amor es permanencia.
Todo cambia y nos abandona tarde o temprano. Lo único que queda es el amor que no tiene a dónde ir y se convierte en odio, en nostalgia, en sufrimiento.
Tampoco he visto nunca una forma de morir tan horrible, Allen. El cuerpo de Claire ya no se parecía al mío:estaba destrozado. Hasta el día de hoy me veo y pienso en cómo pudo sentirse. Ni siquiera un grito, ninguna señal de dolor.
Sin embargo, mi Hermano sufrió más que Claire.
Él dejó de comer, de reír, de recibir al sol en su recámara. Abría los postigos para ver el atardecer y decía el nombre de mi hermana, mientras sus manos acariciaban el cristal empañado por su aliento.
Intenté todo. Solté mi cabello cuando estuve en casa y en verano, cuando sabía de ante mano que no tendríamos visitas, buscaba un vestido, discretamente parecido al de Claire. Aprendí a maquillarme y a no restregarme los ojos después de hacerlo. A cocinar y tararear canciones de moda en el oído de mi Hermano.
Quise ser su esposa, pensé que Claire hubiera querido eso, que lo cuidara hasta el final. Quise ser lo más cercano a ella que hubiera en la tierra. Y cerré mis ojos durante nuestros besos, siempre pesados por su aliento enfermo y torpes por mi falta de experiencia. Él me miraba, mientras nos besábamos, me acariciaba el cabello y sus ojos se desviaban otra vez a la ventana, a la puerta, a la pared. Dejaba su mano sobre mi muslo, sin mover mi falda, sin tomar más fuerte mi cintura ni adentrarse en mi pecho.
Yo lo hubiese dejado. Me sentía culpable de la muerte de mi hermana y realmente amaba a mi Hermano. En una forma más platónica de la que quise proponerle, pero lo amaba.
De todos modos, él nunca entró en mi vida, por muchos esfuerzos de mi parte. Permanecía completamente inmóvil, con los ojos perdidos y me dí cuenta pronto de que no había diferencia alguna. Yo podía quedarme de pie, en el umbral de su cuarto o desaparecer en el pasillo, ahogando un sollozo o un simple encogimiento de hombros.
Él estaba lejos de mí, explorando el cielo con su expresión caótica, esperando fuera de su cuerpo a encontrar el alma de Claire...
Escuché algunas charlas entre mis amigos en la estación. Pensé que si hacíamos el amor, todo se solucionaría, que él me prestaría atención.
Conversaciones de hombres, cuando creen que están solos y se sueltan. Algunos sabían de mi situación y se burlaban o compadecían. Otros ni siquiera me miraban dos veces. Pero me interesaba saber qué buscaban en las mujeres. Quería saber qué debía ajustar en mí misma, para gustarle.
No funcionó, pero me hizo regresar al punto de partida, a cuando él era mi padre y yo abrazaba su rodilla, sin segundas intenciones. Los besos de las buenas noches y las insistencias para que comiera algo o saliera a caminar, a respirar aire fresco. Debí darme cuenta de que hacía demasiado tiempo que no se ocupaba de su propio bienestar. Tanto que su propia vida era un misterio.

Es una ciudad enorme y pasé muchas noches aislada en el cielo opaco por las nubes. Sin objetivos, tan solo haciendo rebotar mis ojos en el manto violáceo y deseando encontrar en algún rayo de luna, en el más pálido y tenue, la figura de Claire abrazada al alma de mi Hermano. Fundidos en una sola alma, como bailarines celestes amparados por... no importa.

A fin de cuentas, también terminé siendo una chica romántica. Ahora no sé qué decirte, Allen. Este camisón era de Claire. Ella usaba estas cosas, tan finas, femeninas y... tenía su perfume cuando empecé a usarlo. Lo compró para su boda y siempre lo he usado cuando quiero que sea más que...
No. Estoy muy cansada para escuchar discursos, no quiero oírte. Vete, ve a cazar a esos... Demonios.
Se rasparon mis rodillas y esta tela está arruinada. Me dará gripe. Y quiero ir a... a otro lugar, cuando decida dónde. Cuando salga el sol y pueda pensar mejor.
Sí, a un Hospital. Puedo llegar sola. No necesito que nadie me cuide. Deberías irte ahora, antes de que salga el sol.
No eres responsable de esto.
Soy la única que sabe tu nombre, todos murieron. Todos.
Siempre quise ser valiente, para proteger a Claire.
Cuando Claire murió, quise serlo por mi Hermano. Cuando te vi , hace muchas horas... Creo que imaginé cosas.
Pensé que tal vez, cuando mi Hermano muriera, podría ser valiente por ti.
Está amaneciendo, te digo que me encuentro bien.
Debajo de las luces amarillentas, rojizas y verdosas, envuelto en sombras y aire frío... Eres más que un niño, casi un hombre. Todo un hombre. Yo...estoy muy cansada para avergonzarme.



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